INSOMNIO
Daba cada zancalá
paseando arriba, abajo
a la ñaca embracilá
y acunándola a destajo.
Y suspira, y parpaguea
porque no le venza el sueño
ahora que ya no berrea
y que duerme como un leño.
Poco a poco, sigiloso
se aproxima hasta la cuna;
somnoliento, sudoroso,
con agilidad gatuna.
Y cuando extendió los brazos
para dejarla en el lecho,
fuerte como un zambombazo,
la ronda en el antepecho
cantaban a voz en grito
algo que era Clavelazos
en lugar de Clavelitos.
Autor:
Emiliano Pérez García